Qué color de montura elegir: tono de piel, cabello y ojos
A menudo elegimos una montura por su forma. Su color importa igual: es lo que decide si tus gafas se funden con tu rostro o lo despiertan. Aquí tienes cómo acertar.
Dos personas pueden adorar exactamente la misma montura, y una la llevará de maravilla mientras la otra parecerá haberla tomado prestada. La forma influye, pero el color hace la mitad del trabajo. La buena noticia: la elección sigue unos pocos principios sencillos, en cuanto sabes dónde mirar.
- Tu subtono de piel, cálido o frío, orienta los colores que te favorecen.
- El cabello y el color de los ojos afinan la elección.
- Un tono neutro para el día a día, un color vivo para el carácter.
- Nada sustituye probarlas a la luz del día.

El color, una cuestión de contraste
Una montura que te favorece no llama la atención sobre sí misma, equilibra el conjunto del rostro. Todo se juega en el contraste. Un rostro de rasgos suaves y colores claros gana quedándose en tonos cercanos, que acompañan sin endurecer. Un rostro más contrastado, en cambio, puede llevar monturas marcadas sin quedar aplastado. La idea no es desaparecer, sino dar con la dosis justa.
Reconocer tu subtono, cálido o frío
El subtono es la tonalidad de fondo de tu piel, independiente de lo bronceada que esté. Se dice cálido cuando tira a dorado, melocotón u oliva, y frío cuando tira a rosado o azulado. Una prueba rápida: mira las venas del interior de tu muñeca a la luz del día. Verdes, tu subtono es más bien cálido. Azules o violáceas, es más bien frío. A los subtonos cálidos les van los marrones miel, el carey, el beige, el dorado, el verde caqui y el terracota. A los subtonos fríos responden el negro, el gris, el azul, el burdeos, el rosa empolvado y el plata. No es una ley, es un punto de partida fiable.
Combinar la montura con el cabello
El cabello enmarca el rostro tanto como la montura: los dos dialogan por fuerza. El cabello oscuro admite monturas marcadas, negras o de color, sin desequilibrio. El cabello claro o rubio prefiere a menudo tonos más suaves, carey claro, marrón cálido, pastel, que evitan la dureza del negro rotundo. El cabello gris o blanco, en fin, se realza con el azul, el burdeos o un gris antracita, más favorecedores que un negro que envejece los rasgos.
Jugar con el color de los ojos
Tus ojos son un detalle que se puede iluminar. El principio es el del color complementario: una montura que recuerda o subraya el iris intensifica la mirada. Un tono cálido, ámbar, dorado, terracota, da calidez a los ojos marrones y hace resaltar los ojos azules. Un verde profundo o un burdeos despiertan los ojos verdes o avellana. Para una mirada clara, evita simplemente una montura tan pálida que la borre.
Carey, translúcido, color vivo: tres familias
Tres grandes familias cubren casi todas las necesidades. El carey, ese marrón moteado nacido del acetato, es el más versátil: cálido, discreto, le va a casi todo el mundo y atraviesa las estaciones. El translúcido, cristal o levemente teñido, aligera el rostro y se hace olvidar, perfecto para una primera montura atrevida sin riesgo. El color vivo, azul, verde, burdeos, terracota, asume la apuesta: es la montura que se vuelve firma.
El buen reflejo: probarlas a la luz del día
Ninguna teoría sustituye al espejo. Los colores cambian según la luz, y un tono perfecto bajo un fluorescente puede caer plano al sol. Prueba siempre cerca de una ventana, con luz natural, y compara dos o tres tonos uno al lado del otro en lugar de uno solo. En una tienda Maison Mata, nuestros asesores afinan esa elección contigo, subtono, cabello, ojos y estilo de vida incluidos.
El color acertado no se ve primero, te pone en valor sin ruido.