El acetato de celulosa, de la fibra de algodón a la plancha de montura
Materiales, 6 min de lectura, agosto de 2026
Decimos que una montura es «de acetato» igual que diríamos que es de plástico. Y sin embargo no tienen casi nada que ver. Esto es lo que hay de verdad en el material que trabajamos todos los días.
Cuando un cliente levanta una montura y pregunta de qué está hecha, la respuesta «acetato» no le aclara gran cosa. La palabra suena técnica, un poco química, y evoca más una película fotográfica que unas gafas. Se trata sin embargo del mismo producto, y ese parentesco cuenta lo esencial: el acetato de celulosa es un material de origen vegetal, transformado, colado en planchas y después cortado. Nada que ver con un material inyectado en un molde.
De dónde viene el material
La celulosa es el componente principal de las paredes vegetales. La que se usa para las monturas procede de las fibras cortas del algodón, esa pelusa que queda en la semilla tras el desmotado, y de pasta de madera. Esta celulosa se trata con ácido acético, lo que da una pasta, el acetato de celulosa. Se le añade un plastificante para que sea maleable en caliente, y pigmentos para el color.
El resultado no es ni un plástico petroquímico ni un material natural en bruto. Es un material transformado, de base vegetal, que tiene la particularidad de seguir siendo trabajable con calor durante toda su vida. Es esa propiedad, y no solo la estética, la que explica por qué los ópticos lo prefieren.
De la pasta a la plancha
La pasta coloreada se conforma después. Los fabricantes históricos, en Italia, en China o en Japón, apilan, prensan y cortan bloques para obtener motivos. Así nacen los carey, los jaspeados, los degradados. Un motivo carey no está impreso, está construido: se superponen capas de pastas de colores distintos, se comprimen y luego se cortan en sentido transversal. El motivo atraviesa por tanto todo el grosor de la plancha.
Estas planchas suelen tener unos milímetros de grosor y algo menos de un metro cuadrado. Cada referencia de plancha tiene su propio número, su propia profundidad de motivo, y dos planchas del mismo número nunca son idénticas al cien por cien. Por eso dos monturas del mismo color, en nuestro taller, siempre tienen un dibujo ligeramente distinto.

De la plancha a la montura
La montura se corta en la plancha, después se vacía, se fresa, se perfora para las bisagras y por último se pule. El pulido se hace por etapas, del más abrasivo al más suave, a menudo en bombos llenos de virutas de madera y pasta de pulir, durante varios días. Es ese pulido largo el que da la profundidad del brillo, la que no se encuentra en una montura inyectada que sale brillante de su molde.
Este método explica también algo que quienes las llevan notan enseguida: una montura de acetato se reajusta. Calentada unos segundos, se dobla, conserva su nueva forma al enfriarse y puede retocarse tantas veces como haga falta, años después.
«Una plancha no es un stock de material, es un stock de motivos. Nunca se vuelve a pedir una plancha esperando encontrar exactamente la misma.»
Acetato frente a plástico inyectado
El plástico inyectado es un termoplástico fundido y luego colado en un molde con la forma final. Es rápido, regular, barato. Sus límites aparecen con el uso: el color suele estar en la superficie, o es uniforme y sin profundidad, el material tolera mal el calor repetido y el ajuste en caliente es limitado, a veces imposible. Una patilla inyectada con holgura se sustituye, no se recupera.
Una referencia sencilla en tienda: mira el canto de la montura, donde encaja el cristal. En un acetato, el motivo continúa dentro del grosor. En un inyectado, el canto suele ser liso, de un color que no coincide del todo con el frente.
Cómo envejece el acetato
Bien tratado, el acetato conserva su brillo mucho tiempo. Dos enemigos lo estropean: el calor extremo y los disolventes. Una montura olvidada sobre un salpicadero al sol puede deformarse. Una limpieza con alcohol o acetona ataca el pulido y deja un velo blanquecino. Agua tibia, una gota de jabón neutro y un secado con microfibra bastan.
Con los años, una montura muy usada puede perder algo de brillo, sobre todo en los puntos de contacto con la piel. Es reversible: un repulido en un óptico equipado le devuelve su aspecto original, algo que ninguna montura inyectada permite.

Qué cambia a la hora de elegir
El acetato no es automáticamente mejor. Pesa más que un titanio, es más grueso que un metal fino y cuesta más producirlo. Gana en tres terrenos: el color, con una profundidad que ningún otro material iguala, la ajustabilidad, que permite a una montura seguir tu rostro durante años, y la reparabilidad.
Si dudas entre dos monturas, tómate la molestia de preguntar el material exacto, y mira el canto. La respuesta está escrita ahí dentro.

Ver el material de cerca: nuestra página Materials detalla las planchas que trabajamos y su origen.